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DE FIESTA BRAVA POR LA VARA

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DE FIESTA BRAVA POR LA VARA

Mensaje por Masterbike el Vie Nov 08, 2013 7:58 pm

La bajada hasta el Restaurante La Vara en la vía a La Mesa, siempre ha sido y
será una de las rutas preferidas por la gran mayoría de ciclistas que todos los
domingos salen a apoderarse de las carreteras de Cundinamarca, y ese era
precisamente nuestro destino el pasado 20 de Octubre para la salida 37 del año,
luego del descanso en la programación por el puente festivo de la semana
anterior.

A pesar de la densa neblina con que amaneció la Sabana de Bogotá, pasadas las
siete de la mañana el astro rey se abría paso, dándonos la largada a ocho
pedalistas en el municipio de Mosquera, entre ellos dos nuevos estrenos:
Roberto, quien sigue los pasos de su hermano mayor Yesid; y César, otro joven
practicante de familia ciclística también y con buena experiencia acumulada.

Para evitar ataques antes de tiempo, me puse al frente del grupo con Edgar a mi
lado y con paso moderado hicimos los primeros y únicos kilómetros sobre terreno
llano que tendría la jornada. Al llegar a la penúltima curva divisamos a José y
Andrés en plena labor de inyección de aire para una de las ruedas de la bici de
éste último; y a base de señas les dimos a entender que no íbamos a parar y que
se unieran a la fiesta.

Se acabó el plan y llegamos al punto de fuga para nuestro primer puerto:
Mondoñedo. Seguimos con la misma cadencia con la que veníamos, pero subimos
algunos piñones, en mi caso al 23. El grupo siguió compacto y ordenado con los
tigrillos en posición de stand by; todo parecía indicar que las acciones se
desatarían en los últimos metros.

La calma no duraría mucho y a solo un kilómetro de haber empezado la escalada,
José y Andrés, picaron en punta y hasta ahí fue lote. Edgar no se dejó tomar
ventaja y Giovanny los seguía de cerca con Javier a la saga. Poco después
pasarían Carlos y César en persecución de los felinos, dejando servidos los
diferentes duelos a disputarse.

En el frente de batalla, las cosas no estuvieron fáciles para Andrés quien tuvo
que ceder el terreno antes ganado y permitir que los tigrillos se disputaran el
puerto. Edgar logró coronar primero la cima demostrando que ya se está poniendo
a su nivel, seguido por un combativo José que logró descontarle un punto a
Javier en la clasificación de las pepas rojas. A Giovanny se le acabó la
gasolina antes de llegar y fue superado por un inspirado Carlos que volvió por
sus fueros. Nuestro novato compañero César hizo un buen debut e incluso le
alcanzó para quitarle la posición a Andrés.

Por otra parte, en la retaguardia me vi acompañado de los hermanos Ibáñez, con
quienes hicimos la mayor parte del ascenso, no sin el temor de ser víctima de
una "licuadora" familiar en el remate, por lo que traté de estar siempre
adelante del trío. Los miedos resultaron falsos, pero no infundados pues en el
último kilómetro primero Yesid y luego Roberto, intentaron hacer sendos
sobrepasos y tomar el volante, pero gracias a Dios tuve fuerzas con que mantener
el paso y quedarme con la octava plaza.

Ya en la cima nos esperaban algunos de los compañeros, mientras que otros se
habían descolgado para ganar tiempo y recargar baterías en la contrameta.
Todavía faltaría uno más en llegar, pues en pleno ascenso recibí la llamada de
Edwin Huérfano, quien había llegado retrasado a la cita y hasta ahora emprendía
la subida. Al llegar arriba empezamos a bajar los que quedábamos, con la idea de
que los hermanos Ibáñez y Huérfano se quedaran en el Curubital como etapa de
iniciación en esta colorida cuesta.

Al llegar al famoso restaurante (El Curubital), esperamos al señor Huérfano,
pero éste no dio señales de vida. Tratamos de ubicarlo infructuosamente por vía
celular pero tampoco fue posible ubicarlo, por lo que decidimos continuar con el
plan de carrera, toda vez que nadie se iba a devolver en plena subida para saber
de su suerte. Los hermanos Ibáñez en plena facultad de sus capacidades y sin
ninguna presión por parte de nosotros (estoy seguro), accedieron a seguir
descendiendo y hacer su desembarco siete kilómetros más abajo en el punto
conocido como el 27 o Puerto Araujo, en donde se desprende la carretera para San
Antonio del Tequendama. Si bien es un acto demasiado loable, teniendo en cuenta
su poco entrenamiento, hay que sumar su gran compromiso con el grupo y las ganas
de seguir mejorando, máxime cuando BSR es un grupo bastante montañero. Buena esa
muchachos, esa es la actitud.

Después de los retrasos no programados, llegamos a La Vara con José y Andrés.
Ahí nos enteramos que Edgar ya había emprendido el regreso -creo que unos
kilómetros antes- por compromisos familiares adquiridos, y que Huérfano había
dejado una grabación en el buzón de voz, indicando que se había sentido mal y de
nuevo (como en el Tablazo) tomaba las de villadiego. Para variar, nuestro
compañero Gabriel que se había unido en la Ye sin hacer el primer puerto, y se
había descolgado de primero; hasta ahora estaba acabando su aguapanelita con
queso, me imagino que como sobremesa después de un caldo de costilla o uno de
pajarilla. En fin, esperamos a que arrancase el defensor de la camiseta
combinada (bicicleta, caminata y flota) y nos alistamos para la faena.

Un minuto después de Gabriel y bajo un inclemente sol, arranqué en pos de mi
presa de turno. Unos metros arriba tuve que hacer una parada extra, pues la
vejiga no daba espera y bajar de peso antes de la cuesta sería de mucha ayuda.
Volví a montarme en mi negra querida y arranqué de nuevo tratando de poner la
mayor cantidad de terreno posible en diez minutos que me habían dado de ventaja
los tigrillos.
Debido a su buen desempeño en Mondoñedo, César saldría con el segundo
contingente en compañía de Carlos y Andrés a cinco minutos de miguelito y otro
tanto por delante de los felinos José, Javier y Giovanny.

La ventaja solo me alcanzó hasta el último repecho antes del 27, donde Andrés
pasó como bólido en solitario. Seguí pataleando a mi suerte y un kilómetro
adelante del 27 me vi sobrepasado por César, quien corroboraba lo hecho en el
Nueve (Mondoñedo). José sería el siguiente en darme alcance y con mejor paso, no
tardó mucho también en alcanzar a César. Luego, unos 300 metros después, Javier
me daba la cuarta estocada y seguía de largo en feroz persecución de los
fugitivos.

Llegué al Curubital herido pero no vencido por las cuatro banderillas en el
lomo. Y aunque todavía quedaba lo más duro del puerto, la visión de Gabriel en
el horizonte, fueron el aliciente para las fuerzas menguadas por la subida. En
plena seguidilla de curvas a diestra y siniestra me alcanzó el último de los
tigrillos, Giovanny, que parado en los pedales, se hacía falsas ilusiones para
recuperar el terreno perdido con sus compañeros de caza. Sin embargo otra presa
más no le caería mal en su palmarés, y al pasar a mi lado me clavó la quinta
banderilla en mi maltrecho orgullo.

Más no era la estocada final y aunque con menos aguante, el aguijonazo sirvió
para mover las reservas ocultas del "yo también puedo", poniendo como fijación a
mi desquite a mi habitual presa. Quedaba solo un kilómetro para llegar al sitio
conocido como la recta de La Cabra, donde se acaba en sí el puerto y se inician
dos kilómetros de repechos que nos llevarían a la meta, y era precisamente antes
de este punto, donde tenía que dar alcance a Gabriel, quien se aprovecha al cien
por ciento de esta clase de terrenos.

Poco a poco y con paso sigiloso, para no alertarlo, me fui acercando al
susodicho, y justo cuando coronábamos la cima, y tal vez por mi respiración
alborotada, una mirada hacia atrás lo puso sobreaviso, reaccionando al inminente
ataque con su plato 53 y tal vez un piñón 14. La respuesta fue inmediata, pues
no iba perder el trabajo que bastante sudor y lágrimas (producto de la
disolución del bloqueador solar) me había costado. Monté también mis fierros
(50-12) y me puse a rueda esperando el mejor momento para el sobrepaso.

Llegamos al primer corto descenso y en un pestañeo de mi amigo, monté sobre los
pedales y me olvidé de los frenos (era la única forma). Pasé por su izquierda en
plena curva hacia el mismo costado y me enfilé directo a la meta, no sin antes
mandar mi brazo hacia la espalda y extraer las cinco saetas que tenía clavadas y
lanzándolas una a una sobre su humanidad, cual cúpido sobre ruedas, daba por
finalizada una cacería que me mantuvo en vilo por más de 20 kilómetros a
cuestas.

De los hermanos Ibáñez nadie puede decir nada en su contra. Pese a que bajaron
más de lo que esperábamos, supieron mantener su ventaja y llegaron arriba
todavía con algunos minutos a su favor. Javier alcanzó a José en el sector de La
Placita, dejándolo casi estacionado, según palabras del segundo, donde los
últimos kilómetros se le hicieron bastante duros. Andrés volvió a quedarse sin
gasolina, pero esta vez le alcanzó para llegar en el tercer lugar. Pese al
terreno perdido, Giovanny se recupero y llegó de cuarto. César hizo un buen
trabajo y conservó la quinta casilla, seguido por Carlos, que aunque llegó
después mío, había partido 5 minutos después.

Eso es todo compañeros, nos vemos la próxima y olé!
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