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BSR - GREGORIO EN EL SALVAJE SURESTE

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BSR - GREGORIO EN EL SALVAJE SURESTE

Mensaje por Masterbike el Mar Dic 17, 2013 3:24 pm

Después del receso de los dos puentes festivos de noviembre en el primero de los cuales tuvimos el lamentable accidente de Giovanny, volvimos recargados a nuestras citas dominicales con la bicicleta. Gracias a las gestiones de nuestro compañero Edgar, pudimos acceder a un crédito para poder reconstruir casi en su totalidad (falta arreglar el plato) la maltrecha burrita sabanera. Pero esto no fue impedimento y la mañana del pasado 17 de noviembre, ahí estaba de nuevo el viejo Giovanny con la energía positiva recargada, eso sí con algo de miedo, algo normal luego de tamaño susto.

En el punto de encuentro también nos esperaba un nuevo integrante, Alvaro, quien fue contactado en el blog larutadelescarabajo del ya conocido colega de antaño Paulo César, que por cierto se la recomiendo para que lean, se inscriban, opinen, etc. Nuestra nueva adquisición es un ciclista consagrado y con años de pedaleo, quien se defiende muy bien en todos los terrenos.

Por el camino fuimos recogiendo otros refuerzos y en el desvío a Sibaté ya los colores estaban completos, solo faltaba pintar la etapa. El trayecto hasta el pueblo se hizo de forma muy conservadora, pues hoy nos veríamos las caras con el salvaje sureste; pero antes calentaríamos las piernas con el manso San Miguel, el más suave de todos los puertos de nuestras andanzas.

Llegamos al túnel que sirve de punto de fuga conmigo a la vanguardia, pero extrañamente nadie quería imponer el desorden. Creí que iba ser cosa del primer kilómetro como siempre suele suceder, pero había una calma total. Era la primera vez que hacíamos una ascenso casi totalmente en grupo, y digo casi, pues el único que perdió la rueda, o más bien que prefirió tomársela suave, fue el fantasma Paolo, quien hizo su acto de desaparición apenas iniciado el puerto.

De verdad que daba gusto subir de esta forma tan amena, incluso hablando de cualquier tema, sin la amenaza de un ataque a las espaldas. Sin embargo, a unos tres kilómetros de arrancar, William fue el que dio el primer indicio, preguntando de manera distraída: ¿Qué hay en la cima, cómo se que ya llegué? A lo que los demás contestamos de manera fiel y exacta, pero sabiendo que nos estábamos poniendo la soga al cuello.

Después de unos cuatro kilómetros (la mitad de la cuesta), casi sin darnos cuenta, la inminencia de la cima hizo que las piernas empezaran a pedalear con más rigor, y aunque el ritmo de carrera todavía era sostenible por este servidor, preferí quedarme más bien a mi paso y ahorrarme las energías que seguramente necesitaría más adelante. En todo caso yo tampoco bajé la guardia y tuve a la vista al resto de la manada casi hasta el desenlace de este premio.

Es muy probable que después de veinte días la memoria me falle en algunos detalles, y espero la ayuda de los protagonistas si me equivoco relatando lo que sigue: El grupo se mantuvo unido casi hasta el último kilómetro, cuando Andrés dio el primer hachazo. José estaba bien posicionado y se fue a rueda del local, pero no contaban con que el William ya le tenía echado el ojo a la cima. Sin embargo un error de cálculo y exceso de confianza del tigre en los últimos metros, hizo que se viera sorprendido por un espectacular remate de Edgar quien le quitó el premio que sus fauces ya casi saboreaban. La gasolina de Andrés no le alcanzó hasta arriba y se vio superado por José y Giovanny. Luego entraría Alvaro superando al dueño de las pepas rojas, Javier, quien también se fue de relax. Yesid se quedó con el octavo puesto, codeándose con los felinos, mientras que yo llegué en el noveno lugar bajando mi mejor tiempo en casi tres minutos. Finalmente una nueva aparición del fantasma Paolo, le pondría el punto final a este ascenso.

El descenso perezoso y sin mucho afán hasta Sibaté, sirvió para relajar los músculos y prepararnos para el postre…¡y qué postre! El salvaje Alto del Romeral nos esperaba con los brazos abiertos, ¡qué delicia!... Al llegar al pueblo una muchedumbre rodeaba a un centenar de ciclistas que se preparaban, según algunos chismosos del grupo, a hacer un circuito por la zona.

Cronómetros en cero y eche pa'arriba mi don. Tuve que hacer un segundo intento pues no pude engancharme a los choclos y la rampa de bienvenida no da tregua ni un metro. Al fin, y con un poco más de impulso, me puse en dirección al cielo con los alerones desplegados para romper la gravedad. Ahí estábamos de nuevo, diez integrantes de Bogotá Sobre Ruedas rompiéndonos el lomo con la peor pesadilla para un ciclista aficionado por estos lares. El primero en bajarse fue Yesid, y no precisamente por cansancio, sino por fallas en el tensor que no dejaba que la cadena trabajase con el piñón 25. Pasé derecho sin poder ayudarlo pues de haberme bajado, dudo que hubiera podido volver a engancharme de forma fácil.

La cuesta no daba tregua, cada quien llevaba su propia cruz a cuestas, el calvario apenas iniciaba y el camino al Gólgota estaba a kilómetros luz. A lo lejos se veía cómo William tomaba la delantera, seguido por Giovanny, mientras que Edgar y José iban sacándole una luz a Javier, y dejaban atrás a Andrés con Alvaro unos metros después. Mientras esta película pasaba por mi cabeza en los escasos momentos en que levantaba la cabeza, alcancé a Paolo y le di ánimos… y me di ánimos a la vez.

Cesó la horrible cuesta, pero era tan solo el primer tramo. Ahora vendrían los leves repechos que anteceden al apocalíptico asfalto del segundo tramo. Me tomé todo el tiempo del mundo para demorar el encuentro, también me tomé unos buenos tragos de aguapanela. Increíblemente y como nunca había pasado, por lo menos en mis salidas a este páramo, hoy había un sol canicular que lo hacía todo mas asfixiante.

En el horizonte se asomaba la recta del 12% que anuncia que el relajo se acaba. Pensamientos de índole bastante pesimistas empezaron a apoderarse de mi mente y la palabra "renunciar" se me aparecía hasta escrita en el pavimento junto con los nombres de otros ciclistas, esos sí escaladores de verdad. Tomé la rampa sin hacerme muchas ilusiones y el impacto de la inclinación de la loma fue penetrante e insistente. Doblé hacia la derecha para seguir por la herradura que me desembocaría en la misma cueva del lobo y las cosas iban empeorando. Hoy no era el día.

A lo lejos el ulular de las sirenas y el ruido de los pitos, anunciaban la inminente llegada de los ciclistas que minutos antes habíamos visto en el parque, teníamos la misma ruta. En vez de animarme a continuar, la ansiedad se apoderó de mí y el solo pensar que no iba a tener la carretera para mí solo, así fuera para culebrear hasta la cima, me hizo desistir del intento. Dos curvas más adelante me bajaba de mi negra y abortábamos la misión.

Aproveché el desorden y subí unos metros más a pie, para hacerme en un alto donde se podía divisar buena parte de la subida. Dos colegas más estaban en el mismo sitio y esperaban con ansias el paso de la caravana. El primero que pasó no era de la competencia, era un espanto. El mismísimo Paolo subía a paso de mula en su bicicleta a ritmo 42-28. Increible. "Vamos Paolo, ya lo tiene" le animé al paso del fantasma.

Luego empezaron a empezar los competidores. Se trataba nada menos y nada más que una etapa de la famosa Clásica de Turismeros, donde corren el semillero del ciclismo local. Daba gusto ver como se batían por esa loma estos muchachos de 15 años y más, haciendo alarde de su capacidad física y mental, fruto de su dedicación y disciplina. Luego vendrían las mujeres, muchachas también de corta edad que con más esfuerzo, hacían lo humanamente posible por no desfallecer en el intento.

Luego de unos quince minutos y de ver pasar a la última chica, decidí llamar a los compañeros para que no me esperaran arriba e iniciaran el descenso tan pronto llegara Paolo. Sin embargo al no haber señal alguna de celular y con los músculos ya repuestos por el descanso, decidí subir un poco para buscar una mejor recepción. Arranqué suave y me sentí mejor subiendo. En la mano llevaba el teléfono para ir revisando periódicamente por si encontraba el punto desde donde pudiera efectuar la llamada. Estando en esta labor, se me acercó un señor en un carro, quien era seguramente el padre de la muchacha que había pasado antes y que sufría con este despiadado cerro. "Por qué no me le ayuda a la niña a subir, usted que está más fresco", me dijo mientras avanzaba al lado mío. Traté de explicarle que solo iba a subir un poco, pero parecía no entenderme.

La insistencia del señor, el sufrimiento de la niña, pero sobre todo mi fracaso en el puertazo; acabaron por convencerme y me fui en misión de gregario. El primero paso era alcanzarla, pues aunque no me llevaba más de 20 metros, yo tampoco era que estuviera volando. Puedo imaginarme que el papá estaría pensando que yo lo estaba haciendo de mala gana. En fin, luego de un no despreciable esfuerzo, me puse al lado de ella y la empecé a animar, mintiéndole un poco sobre lo que restaba de cuesta. Le fui tomando ventaja pero siempre pendiente de que no se quedara. Luego de casi dos interminables kilómetros, coronamos lo duro.

Todavía nos quedaban tres kilómetros de cuesta y las voces de aliento no cesaron. En esto pasaron mis compañeros y al mirarme extrañados y con acompañante, les dije que ya los alcanzaba, que iba de Gregorio. Le avisé a la chica cuando entramos en el kilómetro final, lo que la animó un poco y la puso a la par. Por fin divisamos la cima en donde habían varios automóviles, entre ellos el del papá que se había adelantado, y me remató con un pique, que ni para qué les cuento. Ahora entiendo a muchos colombianos en el exterior, esa es la vida del gregario. Llegué arriba con la satisfacción del deber cumplido con la muchacha, con el papá y conmigo mismo. Un apretón de brazos de parte del progenitor, fue la mejor recompensa para este humilde remolcador del Romeral.

Ni siquiera me bajé de la bicicleta y di media vuelta para regresar. Habiendo bajado unos dos kilómetros largos, me crucé de nuevo con José que hacía las labores de carro acompañante de Yesid, el mismo que se había quedado abajo con el problemita en el tensor. Pues nuestro compañero no pudo arreglar su inconveniente, pero lo que si hizo fue arreglárselas para subir con un 34-23 al Salvaje Sureste. Buena esa viejo Yesid. Para acabar de completar mi acto de contrición, decidí devolverme de nuevo y acompañarlos en el remate, sin embargo ya me habían tomado algo de ventaja y no los pude alcanzar, pero si llegué a cien metros de la cima, donde ya se estaban devolviendo.

Incidencias: Cuentan las malas lenguas que William esta vez no dio ninguna ventaja ni se confió de nadie, llegando en solitario a la cima. José y Edgar alcanzaron y pasaron a Giovanny en el tramo dos, en donde José sacó la ventaja suficiente sobre Edgar y se quedó con el segundo puesto. Javier logró recuperar algo de terreno pero no le alcanzó sino para el cuarto puesto, cediendo puntos valiosos en la Clasificación de la Montaña en donde solo aventaja a José por 7 puntos. Giovanny y Andrés llegaron casi que en photo finish en los puestos quinto y sexto. Alvaro también hizo un buen debut y llegó detrás de los tigrillos. Paolo se fajó su etapón y las fuerzas que ahorró en San Miguel le sirvieron para aparecerse en la octava casilla.

Eso es todo compañeros, nos vemos la próxima
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