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TODO SEA POR EL DEPORTE

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TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Masterbike el Sáb Dic 28, 2013 1:20 am

Nunca hubiera podido imaginar que las cosas se iban a dar de una manera tan casual pero tan acertada a la vez…

Antes que nada tengo que hacer una aclaración a manera de advertencia y es que es muy probable que por la emoción que me embarga al contar estos acontecimientos, unido a la mala memoria que siempre me ha caracterizado, es muy probable que haya algunos pedalistas que no haya nombrado en la crónica pero que estuvieron ese día; como también pueda suceder el caso de que haya algunos que nombré pero que realmente no hayan ido; es decir tal vez no están todos los que son ni son todos los que están…

Cuando todo parecía indicar que la temporada 2013 había finalizado anticipadamente con la etapa a San Francisco, luego de las dos posteriores cancelaciones por lluvia, la gran mayoría de integrantes quedaron con las ganas de hacer una salida más larga con el ánimo de poder demostrarse los unos a los otros, el potencial que cada uno había acumulado a lo largo del año y jugarse sus restos en una etapa de despedida, que aunque no tendría puntuación, todos quisieran ganarla para decidir de una vez por todas quien era el rey de la manada.

Todo empezó como una sencilla invitación a pedalear de domingo por parte de José, a la cual uno tras uno se fueron adhiriendo más participantes. De improviso aparecieron Oscar el skylador, que estaba de regreso a las carreteras, al igual que Edwin, que ya había retomado un poco el ritmo. También había confirmado William y Yeison, compañero antiguo que el domingo anterior había encontrado en una salida a Canicas. Además de José, de igual manera le sonó la idea a Gabriel, Edgar, Paolo, Javier, Andrés, Israel, Giovanny, Fabio, Carlos, Rodrigo, Yesid, Joselo, Juan Sierra, Edwin Huérfano, Alvaro, Sebastián (otra vez por Colombia), Víctor, Roberto, César y a mí. No lo podía creer, 24 pedalistas, todo un record de asistencia para una salida que ni siquiera estaba en la programación oficial y en pleno diciembre, válgame Dios, qué cantidad de desocupados.

El recorrido sugerido inicialmente solo consistía en subir el Alto del Vino y bajar hasta la quebrada para desde ahí hacer el regreso; pero a medida que fue aumentando el quórum, lo hizo también el recorrido y luego de muchos debates, quedamos en hacer una salida extrema hasta el municipio de Villeta por la calle 80, tanto de ida como de regreso; esto con el fin de favorecer a quienes no iban a hacer el trayecto completo y poder irse quedando en puntos intermedios del descenso, previo consenso del grupo.

Sería una competencia realmente emocionante y muy disputada, dada las condiciones en que acabaron los pedalistas el año. Los tigres: Oscar, Edwin hasta ahora estaban de vuelta a sus fueros, mientras que Yeison y William, que habían estado constantes, todavía les faltaba un poco de fondo. Por el lado de los tigrillos la cosa era más pareja: José, Javier, Edgar y Giovanny; harían un mano a mano muy interesante y con el mejor entrenamiento acumulado, estarían a la par de los tigres; todos estos ocho felinos harían el descenso hasta Villeta. Un segundo grupo conformado por Fabio, Carlos, Andrés y Alvaro lo harían desde La Vega. Por otro lado desde San Francisco partirían Gabriel, Paolo, Israel, Rodrigo, Sebastián, César y muy seguramente yo. Siete kilómetros más arriba, en el sector conocido como “Las Hamacas” lo harían Yesid, Huérfano, Joselo, Roberto, Sierra, Víctor y Rover.

Como la distancia aproximada entre cada punto de desembarque era de aproximadamente siete kilómetros, decidimos que para hacer más equilibrado el ascenso, cada grupillo partiría con intervalos de 30 minutos desde el más bajo hasta el más alto; es decir que si todo salía bien, los felinos partirían a las 9:00 a.m. desde Villeta, el grupo de La Vega lo haría a las 9:30, el de San Pacho a las 10:00 y el de Las Hamacas a las 10:30 a.m. Todos esperábamos estar arriba a más tardar a la 12 del mediodía. Lógicamente y según las estadísticas, el ganador iba a estar muy seguramente entre los ocho felinos que bajarían a Vileta… o eso creían ellos.

Con lo que no contaban mis compañeros de BSR, era que yo tenía un as bajo la manga, un plan fríamente calculado a lo largo del año y que lo había estado desarrollando poco a poco con el mayor sigilo posible y en el más absoluto hermetismo, que estaba programado a salir a la luz pública en la temporada 2014, pero que dadas las circunstancias de esta inusitada etapa, o mejor dicho, de este papayaso, fue adelantado para ponerlo en práctica aquel día en cuestión: domingo 22 de diciembre de 2013.

La idea empezó a fraguarse al terminar la temporada 2012 y hacer una retroalimentación del desempeño hecho hasta el momento. El resultado no era lo esperado y los progresos no estaban siendo visibles. Por eso me puse en la tarea de buscar un entrenamiento que me encaminara a lograr un estado físico considerable con el que pudiera atender con sobrada ventaja a mis verdugos de escalada.

El primer paso fue hablar con un amigo que trabaja en la Liga de Ciclismo de Bogotá, el cual me aconsejó que me inscribiera en dicho ente para hacerme participe de sus salidas diarias. Dicho y hecho, y luego de pagar los $ 35.000 de la mensualidad, a principios de febrero ya iniciaba mi curso de tigrillo. Los entrenamientos eran de martes a sábado y tenía que estar en Siberia a las 6 y media de la mañana. Consistían en salidas por diferentes zonas de la Sabana de Bogotá, variando en kilometraje (no menos de 100 km por jornada), terreno (montaña, plano, descenso) e intensidad. Tengo que confesarlo, fue muy duro el comienzo y luego del primer día, aparte de quedarme rezagado, no tuve rabo para responder al siguiente. El jueves regresé con algo de vergüenza pero los nuevos compañeros me ayudaron a sentirme mejor, me volví a quedar rezagado.

Los domingos salía con BSR y realmente descansaba con ellos, pero al siguiente martes la terapia continuaba. La segunda semana pude hacer martes, miércoles y viernes, y solo me quedé en dos jornadas. La tercera pude hacer los tres primeros días seguidos y solo me quedé una vez del lote. La cuarta semana pude hacer de corrido martes, miércoles, jueves y viernes y en todas llegué con el grupo. Completé un mes y hasta ahora me estaba poniendo al día con el resto.

Pasaron los meses y me fui acomodando a la rutina. A las nueve de la mañana a más tardar ya estaba de regreso en la casa y apenas tenía el tiempo suficiente para alistarme al trabajo. El cansancio se apoderaba de mí el resto del día, y en más de una ocasión me vi durmiendo placenteramente en el transporte público, oficina y demás sitios que se prestaran al caso. También fui testigo de mi clara evolución con BSR y empecé a mejorar mis tiempos en algunos puertos, como está documentado en las crónicas del primer semestre.

Para el segundo semestre la rutina diaria me tenía cansado y el trabajo no me dejaba mucho tiempo para entrenar. Providencialmente, durante una conversación con Edwin antes de una salida, éste me comentó que era tenía de amigo a Nairo Quintana en el facebook. El comentario no pasó desapercibido y con un nombre ficticio creé una cuenta y le envié una invitación, la cual fue admitida cortésmente por este monstruo del pedal. A la semana siguiente, y luego de contarle todo mi historial deportivo e intercambiar algunos comentarios, accedió a colaborarme con algunos entrenamientos mucho más exigentes pero con resultados a corto plazo, que además solo ocuparían dos horas de igual número de días entre semana.

El miércoles siguiente inicié mi Nairo-rutina con los más optimistas deseos. Se trataba de entrenamientos cortos de escalada, donde se trabaja la fuerza de los músculos involucrados en su máxima expresión, además de la rotación del pedaleo y el trabajo a toda máquina en el regreso en terreno plano. Apenas llegaba a la casa, el cansancio era absoluto, apenas si podía mantenerme en pie por unos instantes. La recuperación tardaba 48 horas, al cabo de las cuales volvía a repetirlo, aumentando paulatinamente la dosis de fuerza y dureza.

Al cabo de un mes de entrenamiento juicioso, empecé a ver los primeros resultados y me quedé corto con las expectativas. Esto realmente funcionaba, las escaladas se hicieron más fáciles y los tigrillos no estaban tan lejos como creía antes. Ahora el problema era que no quería que ellos se percataran de mis grandes progresos, no por ahora amiguitos, primero iba a cocinar muy bien las presas, para que sancocho estuviera bien cargado.

Puse en funcionamiento un Plan B que no tenía previsto pero que dados los nuevos acontecimientos tenía que implementar. Básicamente consistía en disimular mi nuevo condición de neotigrillo, pasando de “agache” entre los demás integrantes. Dejé que me siguieran dando ventaja a sabiendas de que ya no la necesitaba y únicamente hice sobrepasos con aquellos colegas que sabía que no levantaría sospecha. En alguna ocasión, empero, me vi sorprendido por comentarios de algunos que se quejaban de que casi no habían podido darme alcance luego de haberme visto en la lejanía, lo cual era algo obvio, pues a veces me dejaba llevar por la soltura del paso sin acatar mi autocontrol. A pesar de esto, a veces no me lograba contener y terminaba llegando antes que alguno de estos tigrillos, pero la ventaja que me habían dado, hacía que pareciera una situación normal de carrera, aunque algunas veces hubo que achacar una “pájara” al vencido por no haber podido alcanzarme.

Confieso que en las últimas salidas a El Tablazo fallé por causas de salud y que en El Romeral lo hice por pura pereza; pero que si me hubiera empleado a fondo, otro gallo estaría cantando en la cima. En otras escaladas simplemente utilizaba desarrollos forzados cuando estaba en solitario para no ir demasiado rápido, trabajar el músculo y cansarme a la par que los otros. Hoy, a través de esta crónica, ofrezco mis disculpas por mi actitud hipócrita y deshonesta a la hora de enfrentar estos puertos, pero ustedes comprenderán que era de suma importancia mantener el secreto para poder lograr el objetivo trazado en mi plan de contraataque.

A finales del mes de octubre luego de analizar y comparar los tiempos registrados por los felinos en algunos ascensos y posteriormente hacerlos por mi cuenta en los puentes festivos en que no se programaron salidas de grupo, llegué a la conclusión de que estaba en plena capacidad de hacerle guerra a los felinos (a tigres y tigrillos) o por lo menos pegarles su sustico, pero todavía necesitaría unas ayuditas extras (no lo que están pensando) para redondear la faena.

A mediados de noviembre la navidad llegó por adelantado. Hacía unos diez años tuve un pequeño descalabro económico por culpa de un fallido negocio del cual había resultado perdiendo una suma de dinero. Después de infructuosos intentos por recuperar parte de la deuda, finalmente desistí del cobro y preferí quedarme con la amistad, ya que había sido con un amigo, el cual desafortunadamente había quebrado financieramente, llevándose consigo a otros allegados, entre ellos yo. Pero la vida da muchas vueltas y siempre llegan las recompensas. Fue así como de un momento a otro, se apareció mi deudor amigo, haciéndome entrega no solo del dinero en cuestión del malogrado negocio, sino reconociéndome intereses por la consabida devaluación de la moneda y en agradecimiento a mi paciente espera.

Cuál no sería mi sorpresa al verme de pronto con esta plata que no estaba en mis cuentas, sobretodo en esos momentos de vacas flacas por la que estaba atravesando. Agradecí al Todopoderoso por adelantarme el aguinaldo y procedí con sabiduría a hacer el mejor uso que podía y debía hacer: Pagué todas los recibos y extractos atrasados, cancelé las deudas pendientes y dejé algo para los próximos meses, por si acaso. Sin embargo, el dinero había rendido durante esos largos años y todavía quedaba algo de sobra. Para esos días había sucedido el fracaso en las cuestas del Tablazo y El Romeral, y además de echarle la culpa al jinete, también tuve que reconocer que el caballo necesitaba algunos ajustes, además que este año solo le había comprado un par de corazas “chin chin” a la flaca.

Pero cómo iba cambiar a mi negra querida después de todo este tiempo de vivencias, de ires y venires, de sube y bajas, de no me dejes botado, de vamos tu puedes, de pa’ las que sea. Era una decisión bastante difícil y con muchos sentimientos involucrados. Decidí que no iba a salir de ella, pero que en cambio le pondría un relevo para no cansarla tanto, era lo más justo para los dos. Estaba decidido, yo también me lo merecía.

Al siguiente sábado me fui de compras al Siete de Agosto: – Una bicicleta por favor. La quiero toda de carbono, hasta las ruedas si es posible. – ¿Cuánto vale?... mierda, ¿todo eso? – Quítele un poquito de carbono entonces. – Mire señor, necesito una bicicleta que suba como un verraco, pero que no pese un carajo y tengo este dinero, tome. – Gracias señor muy amable. – Mija, présteme para el taxi que me quedé sin un solo peso. Todo sea por el deporte.

En este punto no voy a entrar en detalles por seguridad, no quiero que me estén esperando en la esquina de la casa luego de leer esta crónica y me bajen de la blanquita, que así se llama la nueva. Lo único que les puedo contar es que pude armarme una buena bicicleta con 4 kilos menos de los los 12 que pesa la negra sin ropa. Mi primera ayuda.

La semana previa a la salida, fue un caos total de nervios e incertidumbre. Era la tercera vez que iba a salir con blanquita y todavía me daba algo de temor con los ratones. La alimentación sería fundamental el día antes y para ello me guié por una dieta que José había compartido por correo hacía un buen tiempo, a base de pasta, carbohidratos y mucho líquido. También compré barras energéticas, gatorade, galletas, chocolates y otras viandas para el camino. El desayuno estaría compuesto por cereal, arroz, huevo y pan. Todo pensado para que el organismo lo pudiera digerir fácilmente.

Reducir más peso al jinete se volvió una obsesión. Limpie con un trapo muy bien las zapatillas, quité las calas y todo exceso de mugre acumulado. No les eché betún para no agregar volumen, recorte los cordones y dejé solamente el largo necesario para apretarlos. No llevé impermeable, ni el silbato para abrirme camino. También opté por llevar solo los documentos necesarios en una bolsa y un billete de $ 20.000 (no monedas) para lo que necesitara, creí que si llevaba uno de $ 50.000 me iba a pesar más. El reloj se quedaría en la casa, hoy me guiaría por el ciclocomputer. El celular también colaboraría con el factor peso, por lo que lo dejé con solo dos rayitas de carga y con 400 pesitos para llamar, dos minutos eran más que suficiente para defenderme.

El sueño era un aliado indispensable a la hora de recuperar energía. Siempre había tenido ese problemita de no dormir lo necesario antes de cada salida. Le pedí el favor a mi señora que se quedara con los niños donde el hermano esa noche jugando monopolio. Ahora todo estaba fríamente calculado. A dormir como un angelito.

A las seis de la mañana sonó el despertador y un minuto después estaba de pie. No tendí la cama para no gastar energía innecesariamente. El elaborado desayuno se hizo a la perfección. Empecé a vestirme con un ritual similar al de un torero que va a salir al ruedo. Mientras hacía todo esto me fijé en la mugre que había quitado de las zapatillas la noche anterior y que se me había olvidado recoger. De inmediato se me vino una idea a la cabeza. Rápidamente saqué la gramera que utiliza mi esposa en sus artes culinarias, y fui poniendo todo lo que me había despojado. Puse la mugre, unté algo de betún, agregué las puntas de los cordones, el impermeable, el silbato, la billetera con lo que quedó, el reloj y algunas monedas. Total peso extraído: 700 gramos. Pensé que con lo de las llamadas y la carga del celular redondearía un kilo exacto.

Acabé el ritual y fui a ponerme el protector solar en la cara, y fue en ese momento cuando una macabra idea se cruzó por mi mente. Volví al cuarto y me corté las uñas, sumándolas a la gramera. Sin pensarlo dos veces y antes de arrepentirme, tomé unas tijeras y me corté el cabello a la altura de la nuca. Mi esposa me va a matar, me dije mientras organizaba el nuevo peso: 710 gramos. Carajo… ahora si me va a cap….!

El reloj marcó las siete de la mañana, ya estaba sobre el tiempo. Me puse el casco con nostalgia y de inmediato sentí un frío que hacía mucho tiempo no sentía en la nuca… Todo sea por el deporte.

A las siete y diez me reuní con la tropa en el punto de encuentro. Las burlas no se hicieron esperar por el corte de cabello, pero la vista de la nueva bicicleta dejó boquiabierto a más de uno. Arrancamos sin más y tomamos rumbo a occidente de inmediato. El sol a todo dar pegaba de atrás y por momentos me hacía olvidar del frío en la nuca. El grupo se mantuvo compacto hasta el cruce del Rosal donde empezamos a subir cada quien a su ritmo. Esta sería mi última vez con el disfraz de gato. Me fui agazapado conservando la posición que debía mantener a los ojos de mis colegas y así llegamos arriba. Esperamos a que llegara el último para organizar el descenso.

En Las Hamacas se quedó el primer grupo, luego en San Francisco les comuniqué que yo bajaría un poco más. Al llegar a La Vega les dije que me arriesgaba por mi cuenta y riesgo a bajar hasta Villeta. Algunos me miraron incrédulos mientras que otros me animaron a seguir. Los que iban hasta ese punto no se movieron un centímetro más. Desembarcamos en Villeta a las 8:45 a.m. según lo previsto y nos apeamos a estirar un poco las piernas luego del largo descenso de más de 35 km.

- Salga adelante, me dijeron los felinos.
– No señor, yo salgo con ustedes mano a mano. Tranquilo que si me quedo no me esperen arriba, yo sabré como llegar.
– Usted verá.
- Todo bien, hagámosle más bien de una para no llegar tarde.


El sancocho estaba listo, las presas todas en la olla, el ascenso nos tomaría unas tres horas, así quesería una cocción a fuego lento. Hagámosle pues mis valientes.

La manada dejó que yo tomara la delantera, era una decisión apenas imaginable. El calor era insoportable y en algún momento temí por fallar en el intento, no tenía previsto el factor clima en mis cálculos y el paso se hizo más lento de lo esperado. Edgar tomó la delantera, seguido por William, Edwin, Oscar, José, Javier, Giovanny, Yeison y yo. Poco a poco nos fuimos consumiendo los primeros kilómetros, pero nadie daba el brazo a torcer. Ahora Oscar pasaba a jalar al grupo y luego lo hacía Edwin. Todos nos fuimos rotando, pero nadie atacaba en serio. Por un momento creí que me estaban esperando, pero las caras de cansancio no daban lugar a dudas: la subida estaba dura.

Luego de pasar por La Vega, el primero en quedarse fue Yeison y con él también perdimos la rueda Javier, Giovanny y yo. Al verme cortado de los punteros, pasé por un lado de los otroras tigrillos y los dejé con su propio calvario, no sin antes ser observado por sendas miradas de sorpresa y admiración. Me llevaría unos tres minutos volver a conectarme con los punteros, donde ahora era José el que jalaba a los felinos. Me fui ubicando poco a poco hasta quedar en cuarto lugar detrás de William y Edgar. Cruzamos San Francisco y al voltear a mirar, vi con sorpresa que Edwin y Oscar ya eran historia. A lo lejos se veían no obstante las siluetas de Andrés y Carlos que luchaban contra la montaña.

En menos de diez minutos los tuvimos a tiro de as, y el sobrepaso se hizo sin mayores problemas. – Uy Fercho, qué se tomó?, me dijo Carlos al paso, sin dar crédito a sus ojos. Llegamos a Las Hamacas donde primero Fabio y luego Alvaro, también sucumbieron a los cazadores. En este pequeño descanso, William tomó un respiro y se nos fue adelante con Edgar.

Tomé las riendas del asunto con José a mi rueda, para afrontar el difícil pedazo hasta el Chuscal. En este trayecto fueron cayendo en su orden Gabriel (que iba caminando), Israel, Paolo, Rodrigo, Sebastián y por último César, quien dio bastante guerra para dejarse alcanzar y luego para soltarlo. Llegando al Chuscal casi alcanzamos de nuevo a William, pero los repechos que le preceden, volvieron a favorecerle, poniéndonos más terreno de por medio. Edgar sin embargo fue cazado sin compasión.

Se acabó lo suave y nos encaminamos hacia la Quebrada. Aquí serían Huérfano y Sierra los primeros en caer (ambos estacionados en la vía), luego Rover y Víctor, y más adelante Yesid y su hermano Roberto se ayudaban mutuamente para no desfallecer a cinco kilómetros de meta.

El que si lo hizo fue William, quien luego de ser alcanzado por segunda vez en la Quebrada, tomó nuevos bríos en el corto descenso pero finalmente sucumbió en la segunda herradura, donde el tanque de gasolina quedó agotado por el esfuerzo.

Ahora solamente el campeón de las pepas rojas, José, se debatía en la punta con este humilde servidor a su rueda. Entramos en los últimos tres kilómetros y no veía la forma de poder ganarle la posición. De pronto empezamos a escuchar unas voces desde atrás que se acercaban progresivamente. En una curva miré hacia atrás, y ví que era un grupo de ciclistas bastante nutrido. Al llegar a nuestro lado los pude reconocer. Eran mis excompañeros de la liga de Bogotá. Me puse a la rueda del último esperando que José hiciera lo propio, pero creo que el champión ya venía con lo justo, por lo que solo atinó a decir: - Buena esa Fercho, después me cuenta que se tomó?

Dejé que el tren me alejara un poco de mi digno rival de la jornada, para luego soltarme de ellos y poder llegar en solitario, sin ayudas. El último kilómetro fue interminable, pero lo disfruté más que nunca, hoy estaba haciendo historia y le estaba pasando factura a todos estos tigres, tigrillos y gatillos, que siempre me habían atendido en las subidas. Hoy era el cazador, el depredador máximo, la cabeza de la cadena alimenticia. Hoy por fin coronaba de primero en igualdad de condiciones. Hoy era el campeón de la montaña de Bogotá Sobre Ruedas.

Tomé la última curva y me paré en pedales para hacer los últimos doscientos metros. No quería sorpresas de última hora. Esta vez no me esperaría nadie arriba. Esta vez yo los esperaría a ellos. Muchas gracias a todos mis patrocinadores. Que viva Colombia.

Uno a uno fueron llegando los colegas del grupo. Uno a uno me fueron felicitando. Uno a uno se hacían las mismas preguntas. Todo a su debido tiempo les dije. Por ahora disfrutemos. Estando en estas el teléfono celular empezó a sonar indiscriminadamente. De inmediato me pasó un sudor por la nuca. Mi esposa me va a matar. Muy seguramente a estas alturas ya habría llegado a la casa y se había percatado del infame corte de cabello. Si tan solo supiera que solo me había rebajado miserables 10 gramos de peso… seguro que me ahorca!

Pero no era momento de pesadumbres, había que celebrar. Los muchachos me invitaron a una mesa donde me senté y también me sentí, como el mejor de todos. No era para menos, modestia aparte, hoy era una día de fiesta. Cuando iba empezar la rueda de prensa, de nuevo empezó a sonar el teléfono insistentemente. Otra vez el sudor frío. Soy hombre muerto. Todo sea por el deporte. Se me va a acabar la batería, fue lo primero que se me ocurrió pensar.

Ahora sí, a contestar las preguntas. Bueno, todo empezó cuando…. Ring, ring, ring, ring, ring, ring.

De repente me desperté con un fuerte almohadazo en la cabeza, y con la voz de mi esposa que me gritaba al oído:

Fernando, si no iba a salir a montar con sus amigos, para qué puso esa alarma a sonar y despertar a todo el mundo… Apáguela de una vez y deje dormir carajo!


Casi me ahorcó con el pelo al darme la vuelta en la cama y apagar el celular que se había caído al piso. El cabello afortunadamente completo, lo demás solo como una etapa de ensueño…

Feliz Día de los Inocentes compañeros.
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Gianni in testa el Sáb Dic 28, 2013 9:19 am

Me encantó el cuento....sería chévere publicarlo en el blog de día de los inocentes....

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Don Quijote de la mancha capítulo 6.

¿Un caballero andante no es  demasiado parecido a un ciclista?
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Masterbike el Sáb Dic 28, 2013 12:02 pm

¿Existe un blog de los inocentes?
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Carlos P el Sáb Dic 28, 2013 2:29 pm

Genial. Hasta cierto punto me lo estaba creyendo jaja  Embarassed
Usted siempre tan bueno para la prosa don Fernando.
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Cristian de la Cruz el Sáb Dic 28, 2013 3:38 pm

Muy bueno! Very Happy
Aunque eso si, me lo empecé a sospechar desde la mitad: como así que Nairo le diseño su plan de entreno? Jajajajjaja

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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por douglasfugazi el Sáb Dic 28, 2013 4:25 pm

Jajajajaja fue una historia magistral, felicitaciones!!!!
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Tolistoval el Sáb Dic 28, 2013 9:45 pm

Bueno, Fercho. Me hizo reir. De todas formas, retese en el 2014: prepare una salida asi, como la del cuento, hasta Villeta. Recuerde que la realidad suele superar a la ficción... y nunca se sabe...
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Re: TODO SEA POR EL DEPORTE

Mensaje por Sebastian Diaz Duran el Dom Dic 29, 2013 12:59 pm

Muy bueno, muy divertido. Eso si totalmente comprensible soñar de esa forma. Yo por ejemplo soy de los que sueño esas cosas cuando estoy haciendo rodillos, da mucha motivación....
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